Jesús y la Inteligencia Artificial

Hace pocos días ocurrió una escena curiosa en nuestro trabajo.

Gran parte de nuestro flujo de desarrollo ya pasa por la inteligencia artificial. Ella sugiere código, revisa fragmentos, señala errores, organiza ideas. Entonces, de repente, se acabaron los créditos de la plataforma que estábamos usando. La renovación solo ocurriría al día siguiente.

Nos quedamos mirando unos a otros.

No porque hubiéramos desaprendido a programar (aunque ya hay evidencias de cierto raquitismo mental). Sino porque, sin darnos cuenta, habíamos dejado de ver gran parte del camino que el código recorría hasta llegar a nuestras manos. La herramienta se había vuelto tan presente que ya formaba parte de la propia manera en que pensábamos.

Sospecho que esto sucederá con toda la sociedad.


Puede que no estés al tanto, pero la inteligencia artificial fue alimentada con todo lo que la humanidad ha producido de forma escrita o gráfica o cualquier otro medio que pueda ser digitalizado. Hoy, cuando responde a una pregunta, lo hace basado en ese conocimiento. Además, usa fuentes abiertas en internet para continuar “aprendiendo” y así poder responder de forma actualizada.

En 2026 cruzamos un umbral importante: más del 50% del contenido de internet fue producido por la inteligencia artificial. Inevitablemente esto nos lleva a que la propia inteligencia artificial estará produciendo contenido a partir de otro contenido que ella misma produjo o ayudó a producir. Con esto, la creatividad humana va siendo dejada de lado por la facilidad del uso de conocimiento acumulado… sin producir más contenido relevante nuevo.

Volvamos al texto


Nadie hoy se detiene a reflexionar sobre la electricidad antes de encender una lámpara. No pensamos en la ingeniería de los reservorios, la altitud que deben tener para usar la fuerza de la gravedad, y otras cosas parecidas cuando abrimos el grifo. Ni comprendemos toda la cadena que permite a un avión cruzar el océano.

Simplemente usamos.

Con la inteligencia artificial sucederá lo mismo.

Pero existe una diferencia importante.

La electricidad no interpreta por nosotros. Así como el agua corriente no piensa por nosotros.

La inteligencia artificial, de cierto modo (y sin ser inteligencia, solo lógica muy rápida), interpreta. Resume. Organiza. Prioriza, Sugiere. Ella toca justamente aquello que consideramos más humano: nuestra capacidad de comprender, que a su vez conecta con nuestra capacidad creativa.

Tal vez por eso nos obligue a volver a una pregunta muy antigua.

Cuando un intérprete de la Ley preguntó a Jesús cómo heredaría la vida eterna, Jesús respondió con dos preguntas:

“Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?” (Lucas 10:26, RVR1960)

Siempre me impresionó que Jesús no preguntara solo qué estaba escrito. Él preguntó cómo aquel hombre leía.

El problema nunca fue solo el texto. El problema es también el lector.

Eso vale para la Biblia. Vale para la historia. Vale para la política. Vale para la propia inteligencia artificial.

No estamos solo formando respuestas. Estamos formando lectores.

Tal vez sea justamente aquí que la iglesia necesite recuperar algo que fue perdiendo a lo largo del tiempo.

Un amigo me preguntó recientemente si no tengo miedo de que un proyecto de inteligencia artificial dirigido a predicadores haga que los cristianos piensen menos.

Mi respuesta fue incómoda hasta para mí.

Tal vez hayamos desistido del pensamiento crítico mucho antes de la inteligencia artificial. Hace mucho tiempo aprendimos a leer la Biblia a través de los comentarios. Elegimos autores que confirmen nuestra tradición, nuestra escuela teológica, nuestras preferencias. Muchas veces conocemos mejor a los intérpretes que al propio texto.

Calvinistas y arminianos (por no hablar de los molinistas y otras corrientes), por ejemplo, frecuentemente se acusan mutuamente de forzar las Escrituras. Tal vez ambos deberían empezar por la misma pregunta de Jesús:

“¿Cómo lees?”

Eso no significa despreciar la tradición.

Muy por el contrario.

Pedro escribe que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada (2Pedro 1:20-21, RVR1960). Pablo afirma que el espíritu de los profetas está sujeto a los propios profetas (1Corintios 14:32-33, RVR1960). La interpretación bíblica nunca fue una experiencia aislada, casi mística, entre un individuo y su texto (de hecho las sectas surgen así). Siempre ocurrió en la vida del pueblo de Dios, donde hermanos corrigen a hermanos, generaciones dialogan entre sí y la propia Escritura juzga nuestras conclusiones.

La revelación fue entregada a la iglesia, no al individuo. Basta solo considerar cómo la iglesia resolvió la gran disparidad sobre la inclusión de los gentiles en el pueblo de Dios. Los apóstoles y ancianos se reunieron, escucharon diferentes testimonios, examinaron las Escrituras y llegaron juntos a una conclusión (Hechos 15:1-29, RVR1960). No fue una solución de compromiso político, sino de compromiso común ante la acción de Dios y su Palabra. Sin aquel concilio, probablemente ni tú ni yo habríamos sido alcanzados por el evangelio de la misma forma.

Eso hace toda la diferencia.

Recientemente escuché a Luis Felipe Pondé defender la vuelta del examen oral como elemento mitigador del uso de las inteligencias artificiales por parte de los alumnos. Me pareció una idea interesante. Un examen escrito puede revelar que alguien organizó bien la información. Pero una conversación revela algo más profundo. Descubre rápidamente si ese conocimiento se volvió carne o sigue siendo solo repetición.

Tal vez sea exactamente por eso que Jesús hacía tantas preguntas.

Él no estaba coleccionando respuestas.

Él estaba formando personas.

Y las personas no maduran solo acumulando información. Maduran cuando necesitan responder ante alguien.

Es curioso notar que la propia inteligencia artificial nos empuja de vuelta a esa necesidad. Ella puede resumir bibliotecas enteras, comparar traducciones, encontrar paralelos, organizar argumentos. Todo eso tiene un enorme valor. Yo mismo la utilizo diariamente.

Pero ella no pertenece al Cuerpo de Cristo (1Corintios 12:12-27 RVR1960)

Ella no participa de la comunión de los santos.

Ella no visita a un enfermo. No acompaña a un enlutado. No reparte el pan. No celebra la Cena. No camina al lado de alguien cuya fe está desmoronando.

Esas cosas siguen sucediendo entre personas.

Tal vez ese sea el verdadero desafío de nuestro tiempo.

No decidir si usaremos inteligencia artificial. Recuerda lo que ya pasó con la máquina a vapor, la máquina de escribir, la computadora, el procesador de texto, etc.

La usaremos. De forma consciente o no.

La pregunta es otra.

¿Continuaremos permitiendo que la Palabra de Dios ocupe el centro (2Tim. 3:16-17; Hebreos 4:12, RVR1960), o se convertirá solo en una voz más entre comentarios, algoritmos, videos, resúmenes y opiniones?

Al final, la tecnología fue solo el punto de partida.

La pregunta sigue siendo la misma de hace dos mil años.

¿Cómo lees?

Acerca de Esteban D. Dortta

Esteban es pastor evangélico. Cursó teologia en el Seminário Teológico Bautista del Uruguay entre 1991 y 1994. Nacido en 1971, vive en Brasil desde 1995. Entiende que las libertades de pensamiento, expresión y reunião son esenciales al desarrollo no apenas cristiano mas de la sociedad completa.

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